jueves, 21 de marzo de 2013

El ciclo de un sueño

Este es el ciclo:
Soñar como un niño. Apostar y atreverse como un joven. Organizarlo y responsabilizarse como un adulto. Disfrutarlo como un niño.

Como un niño y sin miedo a nada, como un niño y sin límites de imaginación, como un niño desorbitando la realidad y destruyendo la lógica cotidiana: así deberíamos soñar.

Como jóvenes entusiastas e iniciadores, como jóvenes rebeldes a las costumbres impuestas porque sí, como jóvenes innovadores, ansiosos de evolución y sordos a las trabas y excusas típicas que frenan los proyectos personales: así deberíamos apostar y atrevernos a creer que nuestro sueño puede hacerse realidad.

Como adultos pensantes y responsables de sus actos, como adultos sabios por ser coleccionistas de consejos útiles y sinceros, como adultos perseverantes a los desafíos, como adultos organizados y con un plan por delante: así deberíamos vivir haciendo poco a poco lo necesario Hoy para que ese sueño se cumpla Mañana.

Como niños agradecidos de lo pequeño, como niños asombrados por los hechos, como niños sonrientes por lo compartido, como niños alegres y distendidos por sus nulas preocupaciones: así deberíamos disfrutar el sueño cumplido, tanto pero tanto, que volver a soñar será el único paso siguiente... Y luego? Luego recomenzar.
Ese es el ciclo.

Ahora bien, que hermoso es compartir tu sueño con los demás, y así recibir ayuda para cumplirlos! Pero ¿y compartir soñar? Eso sí que incluso es más valioso, ya que le da valor a todo el esperar y perseverar, siendo niños, jóvenes y adultos, ese mix para hacer sueños siempre realidad.

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