viernes, 14 de diciembre de 2012

Aunque lluevan clavos de punta, seguiré mirando el cielo

No me refiero a rendirse. No me refiero a evitar arrepentirse. No me refiero a dejar pasar.
Me refiero a luchar. Me refiero a recordar. Me refiero a volver a intentar.

No me refiero a aflojar. No me refiero a desinteresarme. No me refiero al me da lo mismo.
Me refiero a levantarse. Me refiero a esperar. Me refiero a creer que va a mejorar.

No me refiero a esquivar. No me refiero a resbalar. No me refiero al vengar.
Me refiero a enfrentar. Me refiero a perdonar. Me refiero a dar oportunidad.

Pero por sobretodo...
Me refiero a enfrentarme. Me refiero a perdonarme. Me refiero a darme a mi mismo una nueva oportunidad.

"Aunque lluevan clavos de punta, seguiré mirando el cielo", porque cosas que no deseo habrán de pasar, pero caerán y caerán, hasta que un día se terminarán, y ahí en el mismo lugar, firme e impetuoso, el cielo y su sencilla majestuosidad siempre estarán.



Compartiendo vida con... mi amigo JP.


lunes, 4 de junio de 2012

Mi número

Estoy sentado tras ese enorme vidrio que me separa de esa calle transitada por muchos, calle que roza su embotellamiento. Doy gracias a ese mismo vidrio, que es doble y logra que la escena ante mi parezca muda.
Me detengo a pensar en mi número.
Lo visualizo entre mis dedos con detenimiento y comienzo a cuestionarme espontáneamente, inevitablemente.

¿Será su valor lo que valgo yo? ¿Estará indicando "mucho" o "poco"? Pero... ¿cómo determinarlo desconociendo los límites que darían a la duda un entorno de evaluación concreto?
Pienso y medito, descubriendo que ningún número podrá determinar mi valor. Sin embargo, para muchas decisiones de gobiernos, empresas y organizaciones, somos un número en lugar de una persona viva, e incluso a nuestra persona se le asignan continuamente números para distinguirla, clasificarla, valorizarla... Por todo eso trataré de esforzarme para siempre evitar agrupar tras algunas cifras un individuo, una comunidad o una parte del pueblo... trataré de pensar más en ellos...

Vuelvo a visualizar en mi mente ese número, mi número.
Creo que una cadena de mis neuronas reacciona y produce nuevos cuestionamientos... ¿Será mi número único? ¿O se repetirá por doquier? ¿Qué tan original estoy siendo? Original, no con respecto a ser creativo, sino con relación a mi esencia, a mi ser, a lo que soy... ¿Soy mi original día a día o mis ambientes no me permiten mostrarlo? ¿Acaso soy esclavo de alguna situación que me hace vivir una duplicidad? El miedo al qué dirán reaparece continuamente como cizaña: eterna misión será ganarle y formar una firme personalidad que escuche críticas pero valore lo que soy y quiero ser.

Elevo la mirada tratando de alejarme de las preguntas anteriores y descansar, pero ahí arriba observo una pantalla. ¡En ella veo mi número! Escucho a la vez un grito fuerte, pero lo ignoro porque primero me pregunto anonadado ¿Cómo llegó allí mi tan preciado e íntimo número? ¿Cuántos estarán observándolo? ¿Quién se atrevió a publicarlo? ¿Qué significará para otros? Pero luego de unos segundos me doy cuenta que mi preocupación es vana. Que no hace falta esconder mi número, que es mejor compartirlo. Como aquel número de teatro o de baile que se muestra a todos desde un escenario con el fin de compartirlo, de transformar tanta preparación y trabajo previo en un servicio a los demás, quizá entretenimiento puro, quizá ayuda pura. ¿Compartimos nuestros números? ¿nuestras obras? ¿nuestra vida? ¿o las encajonamos con miedo a que nos las roben? Y si acaso alguien o algo nos hizo sufrir y sentir dolor en el pecho, en el alma, ¿persiste esa situación de pena que nos hace encerrar y no contagiar, ni regalar, ni compartir Vida?

Pensar en esas preguntas aceleran mi razonamiento y enceguecen lo que mi corazón quiere gritar para no alejarse de su libertad y devolver algo de equilibrio a la balanza de la razón y la fe... Algo me sorprende de repente, es un grito aún más fuerte, y se hace oír por todos los que comparten el local dónde me encuentro. Trato de enfocar mi mirada coherentemente haciendo un enorme esfuerzo como enseñando a mis ojos a hacer foco por primera vez en su vida. Es que mi mente robo parte de mi tiempo y se apoderó de mí completamente. Logro entonces, al cabo un par de docenas de segundos, apuntar mi visión hacia la barra del local, detrás de la cuál una señora de cabellos oscuros se encuentra de pie, buscando con su vista a una persona especial, por lo que recorre con su mirada perdida las caras de todos los presentes. En un momento determinado, me mira, me observa, y se da cuenta de que soy el indicado. Repite ahora sin gritar y con una dulce voz nuevamente mi número. Levanto la mano y luego me pongo de pie. Es mi turno. Procedo a buscar mi almuerzo.

El mundo de todos los días vuelve a imponerse y reinar sobre mis cinco sentidos. Me siento violentado y con sabor a derrota en un principio. Pero algo es diferente en mí. Mi razón y corazón han cambiado gracias a la oportunidad que tuve de cuestionarme íntimamente lo que venía siendo y haciendo, para entrar en crisis, luego sí decidirme por una respuesta a dar y al fin actuar. Comienzo entonces a disfrutar lo que sigue: crecer.

lunes, 6 de febrero de 2012

El poder del niño

Y en ese momento le preguntan al niño:
- ¿Qué querés ser cuando seas grande?
- Un grande que siempre recuerde al niño que lleva dentro.
Un lindo objetivo, o mejor dicho una gran meta, algo realmente importante para inolvidar.

En el niño que muchas veces ocultamos se esconde la respuesta espontánea, el abrazo inmediato, la sinceridad en la palabra, la sonrisa real, el sueño alcanzable, la idea a hacer realidad, el perdón completo, obstáculos todos superables, amigos sin doblez, filtros para detectar lo que realmente importa, lo que realmente vale, lo que realmente es.

Opiniones de niños se descartan porque ellos "no tienen experiencia aún" o piensan en "pavadas de chicos".
Lamentablemente terminan opinando y decidiendo personas con "demasiada" experiencia que actúan "porque sí" y "porque así se viene haciendo hace años", "porque así funciona esta máquina"... y los corazones se van automatizando...


Lo interesante sería que opinen y decidan "niños con mucha experiencia", porque sólo así se aportará con toda la vida y no sólo con una etapa de ella.

Ayudame a hacer presente a más "niños con experiencia"... en reuniones de trabajo, en jornadas laborales, en discusiones de negocios, en decisiones sobre el futuro, en salidas nocturnas, en charlas de amigos, en actividades parroquiales, en los clubes de barrios, en tu deporte, en la escuela, en la facu, en las calles y veredas, en las reuniones familiares...
Notarás la diferencia, vivirás la alegría, tranquilidad y paz de la pureza, se fortalecerán tus esperanzas... Basta que busques dentro al niño que fuiste y que quiere seguir siendo.

Animarse a encontrarse, a redescubrir el poder del niño que todos somos
Sólo unos párrafos, para seguir pensando... y en algún momento, decidirse y actuar, dejando participar a lo más puro que tenemos.

aDiós!!!


PD: Te extrañaba mi hora 25... Aquí estoy dispuesto a jugar esa hora más.